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martes, 31 de enero de 2017

Exportando energía a Chile

Dos economistas conversan sobre la intención manifiesta del gobierno de exportarle energía a Chile. Aquí el diálogo entre Adamo (A) a favor, y Maynardo (M), en contra.
M: El presidente Kuczynski ha ratificado su intención de exportarle energía – gas y energía eléctrica - a Chile. Me parece una barbaridad!
A: ¿Por qué oponerse a una integración energética con nuestros vecinos?
M: Porque justamente una de las ventajas que tiene el Perú sobre Chile es haber sido bendecido con el gas de Camisea y con un inmenso potencial hidráulico. Recursos que ellos no tienen y que mejoran nuestra competitividad relativa. Si la minería chilena que compite directamente con la peruana puede acceder a recursos energéticos más baratos de este lado de la frontera, entonces nuestra ventaja por costos desaparece. Por esto me parece nefasto.
A: A ver… vamos por partes. En primer lugar, oponerse a la exportación de recursos naturales como el gas o de servicios como la electricidad por el uso que le van a dar en los mercados de destino es un despropósito. Nuestro crecimiento está atado a las exportaciones; deberíamos fomentarlas pues al hacerlo, generamos empleo y recursos fiscales para atender las necesidades de la población.
M: Mmm… no estoy de acuerdo.
A: En segundo lugar, la integración energética es como una carretera de dos vías. Permite exportar cuando nos sobran los recursos y nos permite importar cuando nos falta. La integración energética va de la mano de la seguridad energética, pues un mercado ampliado e interconectado nos permite paliar problemas que no podríamos en mitigar en autarquía.
M: ¿Qué energía nos va a vender Chile si son deficitarios?
A: Chile está montando un importante parque generador en base a energías renovables; eventualmente nos podría ayudar a paliar los efectos de una gran sequía en el Perú.
M: Todo eso es muy teórico Adamo. Lo cierto que es que promover la exportación de recursos escasos y no renovables, como el gas, a un vecino con el cual competimos directamente carece de sentido estratégico. Que sigan con su escasez de energía y que se las arreglen solos…!
A: Partes de un error mi estimado Maynardo. Chile ya no tiene escasez de energía sino que tiene exceso de capacidad instalada – como sucede también en el Perú. Además, sus costos han venido reduciéndose merced del gran crecimiento de su generación renovable no convencional, particularmente la solar. Tanto así que un amigo experto en estos temas me comentaba que actualmente en el norte de Chile, el precio spot de la energía es cercano a cero durante el día por la oferta solar. En esas circunstancias, si nos interconectáramos con Chile, podríamos importar energía a muy bajo costo durante el día y luego exportarles de noche cuando tenemos ventajas con nuestras generadoras a gas.
M: El problema es que las generadoras térmicas consumen nuestro gas a un precio subsidiado. Hoy en el Perú un generador paga 3 dólares por millón de BTU (la unidad en que se mide el poder calorífico del gas) mientras que las generadoras chilenas pagan 8 y hasta 10 dólares. Esto muestra que la interconexión lo que implica es vamos a exportar un subsidio, y eso sí es un error garrafal.
A: De acuerdo en que no debemos exportar gas subsidiado, ni directamente ni a través del cable eléctrico. Pero no cerremos la posibilidad de interconectarnos, más bien  corrijamos la distorsión del gas barato para la exportación como condición para un intercambio sano de electricidad.
M: Tengo otra objeción de fondo: no debemos exportar gas –ya sea por ductos o por cables eléctricos– si aún el gas no se ha masificado en el Perú. ¡El gas debe ser primero para los peruanos y luego para los vecinos y no al revés!
A: Bahh… Eso tiene mucho de demagogia. Como bien señala Anthony Laub, “la masificación del gas ya ocurrió”. Cuando un poblador en Piura o Puno prende el interruptor de luz y se prende el foco de su casa, ya está consumiendo el gas pues esa electricidad es producida en un 50% por plantas que usan el gas de Camisea. Esto es algo que la mayor parte de la gente desconoce, pero ya el gas de Camisea llega a todos los peruanos que tienen luz.
M: Ok, buen punto. Sin embargo, de lo que se trata aquí es de llevar el gas natural a los consumidores residenciales, industriales y vehiculares en todo el país. La prioridad debería ser llevar el gas al sur del país y no al otro lado de la frontera sur.
A: Seguramente la llegada del gas natural al sur del país generará beneficios con el tiempo. Pero ¿cuál es el costo que podemos pagar por esto? En contraposición con el ducto original de Camisea, que costó US$ 800 millones, el Gasoducto  Sur Peruano iba a costar más de US$ 4,600 millones; ¿quién va asumir este megacosto?
M: No entiendo tu pregunta.
A: El anterior gobierno le otorgó al Gasoducto  Sur Peruano una garantía de ingresos, es decir, los dueños del gasoducto cobrarían un ingreso anual independientemente de cuánto gas se transporte – y por tanto se consuma – en la zona sur. Este ingreso garantizado ascendía a US$ 912 millones por año, de los cuales  el 60% se recaudaría por medio de un cargo en la tarifa eléctrica.
M: Bueno, esa distorsión abunda en el hecho de que no tiene ningún sentido que el pueblo peruano sufrague un ducto tan caro para que algún inversionista ponga una planta eléctrica al final de tubo para exportar a Chile. ¿No crees?
A: En eso tienes razón… Como condición para exportar, ya sea gas o electricidad, debemos corregir previamente todas estas distorsiones y subsidios cruzados. Pero la receta debe ser clara: corregir distorsiones y luego integrarse energéticamente. No negarse a la integración por razones ideológicas o falsos chauvinismos.
M: Yo creo que aun sin distorsiones, no deberíamos exportar ni gas ni electricidad a Chile. Es una falta de respeto para con los millones de peruanos que aún no cuentan con cobertura eléctrica y que siguen sin poder calentar agua con el gas de Camisea en sus casas. Te imaginas como se van a sentir los pobladores del Cusco cuando el gobierno anuncie que el gas o la electricidad –para mí es lo mismo–  se va para Chile cuando ellos no acceden a “su” gas? ¡Se le va a levantar todo el Sur a PPK!

A: Parece que no nos entendemos…

jueves, 19 de enero de 2017

Gasto en defensa

Dos economistas conversan sobre la importancia del gasto en defensa. Aquí el diálogo entre Adamo (A) a favor de aumentarlo, y Maynardo (M), en contra.
M: ¿Por qué seguimos asignando recursos a la defensa si ya no enfrentamos amenazas de nuestros vecinos? Luego de cerrar la frontera con el Ecuador y el fallo de La Haya ¿no sería mejor reducir el gasto en defensa a su mínima expresión y más bien utilizar esos recursos  en mejorar los servicios públicos?
A: Sería absurdo reducir el gasto en defensa mi querido Maynardo. La razón fundamental es que la defensa nacional es un servicio público fundamental que ningún privado puede hacer en sustitución del Estado. ¿Qué persona o empresa se preocuparía por cuidar las fronteras?
M: La época de guerras y reclamaciones territoriales ya pasó mi estimado Adamo. ¿Para qué mantener militares si ningún país nos va a atacar? Tenemos relaciones cordiales con todos nuestros vecinos. La comunidad internacional no toleraría una guerra en Sudamérica en la actualidad.
A: Precisamente la mejor manera de evitar conflictos es que el país tenga un poder disuasivo creíble. Si reduces el gasto militar aumentará la probabilidad de conflicto porque el país tendrá menor capacidad de defenderse. Además, si bien es cierto que no hay un conflicto armado en la región hace varios años, es muy pronto para afirmar que nunca más habrá conflictos. Recuerda que hace poco Colombia y Venezuela estuvieron enfrentados y que los chavistas no se lanzaron a una aventura debido al poder disuasivo de las fuerzas armadas colombianas. Y apenas hace dos décadas nos enfrentamos al Ecuador.
M: Pero esa frontera ya está oleada y sacramentada. ¿No sería mejor tener más escuelas y hospitales con los millones que le seguimos asignando al sector defensa? Te has quedado congelado en el mundo de guerra de ayer.
A: No vaya a ser que, más bien, seas tú el que viva en el mundo de la fantasía. ¿Por qué crees que todos los países de la región siguen asignando recursos a la defensa? ¿Crees que todos se equivocan?
M: ¿No crees que se puede reducir el gasto militar de forma significativa? El país gasta miles de millones de soles al año preparándose para una guerra que quizás nunca tendremos. Los únicos que ganan son los traficantes de armas.
A: El gasto militar en el Perú ha sido 1.4% del PBI como promedio de los últimos 15 años. El año pasado el gasto en defensa fue de 1.6% del PBI. Chile, país que según tu hipótesis no tendría necesidad de asignar recursos a la defensa, ha gastado por encima de 2% del PBI hasta el 2013. Ni qué hablar de Colombia en donde el gasto militar supera el 3% del PBI. Incluso el Ecuador, que tiene mucho menos territorio que defender y cerca de la mitad de la población, gastó más que el Perú en defensa entre el 2007 y el 2013, no como fracción del PBI, sino en dólares contantes y sonantes.
M: Estas cifras no dicen nada. No tenemos porqué imitar políticas equivocadas de otros países. El gasto militar de los vecinos es una pérdida de eficiencia social.
A: Creo que tu visión de eficiencia social es bastante estrecha…
M: ¿Por qué tenemos que seguirles el juego a los mercaderes militaristas que están detrás del alto gasto militar en los países vecinos? ¿No sería mejor que todos los países de la región acordáramos gastar menos en defensa?
A: Sin duda sería ideal que hubiese una política de desarme multilateral y que los recursos que se ahorren vayan a usos productivos y alivio para la pobreza. Pero lo que nuestro país ha venido haciendo es seguir una política de desarme unilateral… y eso puede ser suicida. ¿Ya nos olvidamos del costo de no haber estado preparados para la Guerra del Pacífico y la pérdida de población y territorio que ello conllevó?
M: Nadie se olvida de la historia Adamo, pero ya no estamos en el siglo XIX. Tampoco deberías olvidar que la abultada deuda externa, que desencadenó la severa crisis económica de los años 80, tuvo como causa importante las voluminosas adquisiciones militares de los 70. ¿De qué nos ha servido gastar miles de millones de dólares en armamento que se oxida en el desierto?
A: Estamos a años luz de gastar montos significativos en importaciones militares. Como ha señalado Juan Mendoza, en promedio, durante el presente siglo, solo el 10% del gasto militar fue a importaciones de armamento y equipo. El capital militar está en gran medida depreciado u obsoleto. Nuestra tecnología de provisión de defensa es intensiva en mano de obra, similar a la que tenían los ejércitos de hace siglos.
M: Encima de ser un gasto de capital que aporta muy poco a la productividad del país, sabemos que hay mucha corrupción en los procesos de compra de armamento. Como todo lo referente a las compras militares se trata como secreto por motivos de “seguridad nacional”. Este ambiente es propicio para la corrupción.
A: La corrupción se explica por la impunidad y la estructura de incentivos, no porque el Estado adquiera armas en vez de tuberías.
M: Otra gran ineficiencia es que se le paga al personal militar sin que haya un retorno social claro. Propongo que mientras no hayan conflictos armados, los militares se dediquen a la provisión de seguridad interna y a la defensa civil.
A: Sin duda los militares pueden ayudar excepcionalmente en tareas de defensa civil o colaborando con la policía. Pero si los militares, que son los peores pagados entre los países de la región, se dedican a labores ajenas a la defensa nacional, dejarán de ser militares. Y entonces habremos renunciado al control del territorio que es la misma razón de ser del Estado. Y los enemigos del Estado son múltiples. Acuérdate que ni siquiera podemos controlar la pesca ilegal de la flota extranjera en nuestro mar territorial.
M: El territorio nacional puede protegerse sin necesidad de grandes ejércitos o armadas, que lo único que hacen es drenar recursos públicos. ¿Cuánto más podríamos avanzar en materia de salud y educación si dejáramos atrás moldes anacrónicos y redujéramos el gasto en defensa? Un país pobre no puede darse el lujo de seguir jugando a los soldaditos cuando las amenazas reales provienen de la pobreza, la inequidad, la corrupción y la inseguridad ciudadana.

A: Parece que no nos entendemos…