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martes, 31 de enero de 2017

Exportando energía a Chile

Dos economistas conversan sobre la intención manifiesta del gobierno de exportarle energía a Chile. Aquí el diálogo entre Adamo (A) a favor, y Maynardo (M), en contra.
M: El presidente Kuczynski ha ratificado su intención de exportarle energía – gas y energía eléctrica - a Chile. Me parece una barbaridad!
A: ¿Por qué oponerse a una integración energética con nuestros vecinos?
M: Porque justamente una de las ventajas que tiene el Perú sobre Chile es haber sido bendecido con el gas de Camisea y con un inmenso potencial hidráulico. Recursos que ellos no tienen y que mejoran nuestra competitividad relativa. Si la minería chilena que compite directamente con la peruana puede acceder a recursos energéticos más baratos de este lado de la frontera, entonces nuestra ventaja por costos desaparece. Por esto me parece nefasto.
A: A ver… vamos por partes. En primer lugar, oponerse a la exportación de recursos naturales como el gas o de servicios como la electricidad por el uso que le van a dar en los mercados de destino es un despropósito. Nuestro crecimiento está atado a las exportaciones; deberíamos fomentarlas pues al hacerlo, generamos empleo y recursos fiscales para atender las necesidades de la población.
M: Mmm… no estoy de acuerdo.
A: En segundo lugar, la integración energética es como una carretera de dos vías. Permite exportar cuando nos sobran los recursos y nos permite importar cuando nos falta. La integración energética va de la mano de la seguridad energética, pues un mercado ampliado e interconectado nos permite paliar problemas que no podríamos en mitigar en autarquía.
M: ¿Qué energía nos va a vender Chile si son deficitarios?
A: Chile está montando un importante parque generador en base a energías renovables; eventualmente nos podría ayudar a paliar los efectos de una gran sequía en el Perú.
M: Todo eso es muy teórico Adamo. Lo cierto que es que promover la exportación de recursos escasos y no renovables, como el gas, a un vecino con el cual competimos directamente carece de sentido estratégico. Que sigan con su escasez de energía y que se las arreglen solos…!
A: Partes de un error mi estimado Maynardo. Chile ya no tiene escasez de energía sino que tiene exceso de capacidad instalada – como sucede también en el Perú. Además, sus costos han venido reduciéndose merced del gran crecimiento de su generación renovable no convencional, particularmente la solar. Tanto así que un amigo experto en estos temas me comentaba que actualmente en el norte de Chile, el precio spot de la energía es cercano a cero durante el día por la oferta solar. En esas circunstancias, si nos interconectáramos con Chile, podríamos importar energía a muy bajo costo durante el día y luego exportarles de noche cuando tenemos ventajas con nuestras generadoras a gas.
M: El problema es que las generadoras térmicas consumen nuestro gas a un precio subsidiado. Hoy en el Perú un generador paga 3 dólares por millón de BTU (la unidad en que se mide el poder calorífico del gas) mientras que las generadoras chilenas pagan 8 y hasta 10 dólares. Esto muestra que la interconexión lo que implica es vamos a exportar un subsidio, y eso sí es un error garrafal.
A: De acuerdo en que no debemos exportar gas subsidiado, ni directamente ni a través del cable eléctrico. Pero no cerremos la posibilidad de interconectarnos, más bien  corrijamos la distorsión del gas barato para la exportación como condición para un intercambio sano de electricidad.
M: Tengo otra objeción de fondo: no debemos exportar gas –ya sea por ductos o por cables eléctricos– si aún el gas no se ha masificado en el Perú. ¡El gas debe ser primero para los peruanos y luego para los vecinos y no al revés!
A: Bahh… Eso tiene mucho de demagogia. Como bien señala Anthony Laub, “la masificación del gas ya ocurrió”. Cuando un poblador en Piura o Puno prende el interruptor de luz y se prende el foco de su casa, ya está consumiendo el gas pues esa electricidad es producida en un 50% por plantas que usan el gas de Camisea. Esto es algo que la mayor parte de la gente desconoce, pero ya el gas de Camisea llega a todos los peruanos que tienen luz.
M: Ok, buen punto. Sin embargo, de lo que se trata aquí es de llevar el gas natural a los consumidores residenciales, industriales y vehiculares en todo el país. La prioridad debería ser llevar el gas al sur del país y no al otro lado de la frontera sur.
A: Seguramente la llegada del gas natural al sur del país generará beneficios con el tiempo. Pero ¿cuál es el costo que podemos pagar por esto? En contraposición con el ducto original de Camisea, que costó US$ 800 millones, el Gasoducto  Sur Peruano iba a costar más de US$ 4,600 millones; ¿quién va asumir este megacosto?
M: No entiendo tu pregunta.
A: El anterior gobierno le otorgó al Gasoducto  Sur Peruano una garantía de ingresos, es decir, los dueños del gasoducto cobrarían un ingreso anual independientemente de cuánto gas se transporte – y por tanto se consuma – en la zona sur. Este ingreso garantizado ascendía a US$ 912 millones por año, de los cuales  el 60% se recaudaría por medio de un cargo en la tarifa eléctrica.
M: Bueno, esa distorsión abunda en el hecho de que no tiene ningún sentido que el pueblo peruano sufrague un ducto tan caro para que algún inversionista ponga una planta eléctrica al final de tubo para exportar a Chile. ¿No crees?
A: En eso tienes razón… Como condición para exportar, ya sea gas o electricidad, debemos corregir previamente todas estas distorsiones y subsidios cruzados. Pero la receta debe ser clara: corregir distorsiones y luego integrarse energéticamente. No negarse a la integración por razones ideológicas o falsos chauvinismos.
M: Yo creo que aun sin distorsiones, no deberíamos exportar ni gas ni electricidad a Chile. Es una falta de respeto para con los millones de peruanos que aún no cuentan con cobertura eléctrica y que siguen sin poder calentar agua con el gas de Camisea en sus casas. Te imaginas como se van a sentir los pobladores del Cusco cuando el gobierno anuncie que el gas o la electricidad –para mí es lo mismo–  se va para Chile cuando ellos no acceden a “su” gas? ¡Se le va a levantar todo el Sur a PPK!

A: Parece que no nos entendemos…

viernes, 30 de septiembre de 2016

La reforma ausente: la laboral

Dos economistas conversan sobre la necesidad de hacer una reforma laboral en el Perú. Aquí el diálogo entre Adamo (A), a favor de la reforma, y Maynardo (M), en contra.
A: Me parece que la reforma laboral es el gran ausente en el pedido de facultades legislativas. Creo que no la han solicitado por cálculo político pues cualquier discusión de reforma laboral que incluya flexibilizar el mercado sería muy impopular.
M: ¿Por qué siempre se habla de “flexibilizar”  en vez de generar más y mejor empleo de calidad con derechos laborales para todos los trabajadores? Uds. los devotos del mercado tienen una obsesión por la  “flexibilización”, que no es otra cosa que abaratar los despidos y conculcar derechos laborales.
A: Estoy hablando de formalizar a trabajadores que hoy no tienen ningún derecho laboral debido a que la legislación es un obstáculo a la libre contratación y contrae la demanda por trabajadores formales en el mercado o, lo que es lo mismo, reduce el empleo formal en la economía.
M: La informalidad laboral es transversal. Hay que hacer un esfuerzo por formalizar pero sin vulnerar derechos.
A: ¿Los derechos laborales de quiénes? ¿De la minoría de trabajadores formales o de la mayoría de informales? Es necesario entender que los sobrecostos impuestos por la actual regulación laboral, al desincentivar la contratación formal, le restan derechos a la mayoría de trabajadores: los informales.  Es más, recuerda que la masa de informales no es homogénea. Como bien señala Iván Rivera, mucho del empleo generado por las microempresas y el autoempleo representa la “informalidad dura”; el resto de los informales, o compiten con los formales y no les interesa formalizarse, o están empleados como informales en empresas formales. 
M: ¿A dónde quieres llegar?
A: A que esa informalidad “dura” está conformada por trabajadores con muy poca educación y baja productividad que están allí por carecer de alternativas de empleo formal. Estos trabajadores ven en la venta ambulante o en manejar una mototaxi, su alternativa de empleo de última instancia. Estos trabajadores tienen muy poco de empresarios, como románticamente señalan algunos, y formalizar su actual actividad no va a aumentar su productividad y sus sueldos. ¡Pamplinas!
M: Yo sí creo que existe una masa muy grande de emprendedores informales que son pequeños empresarios y que están listos para despegar si se dan las condiciones regulatorias y tributarias para que desarrollen su talento. Y por eso es crucial que la reducción del IGV vaya de la mano de otras medidas pro-formalización.
A: ¡Ay Maynardo! Pura fantasía… La informalidad debe atacarse expandiendo el sector formal que es el que paga buenos sueldos, en vez de soñar con convertir a trabajadores residuales en empresarios.
M: Siempre tan pinchaglobos….¿Y cómo propones hacer eso?
A: Flexibilizando el mercado laboral.
M: O sea abaratar los despidos….
A: Exactamente. Hay que eliminar la estabilidad laboral que es percibida como nefasta por los inversionistas e incentiva la adopción de tecnologías intensivas en capital: mientras más trabajadores son reemplazados por máquinas, se enfrentan menores sobrecostos laborales. Hemos perdido nuestra ventaja comparativa que es tener fuerza laboral abundante y, de paso, promovido el empleo informal.
M: ¡Vuelves a la carga con tu obsesión por los despidos! Mi obsesión es cómo promovemos derechos laborales para todos los trabajadores. Y un derecho fundamental es que nadie pierda el trabajo sin razón. ¿O no?
A: La actual estabilidad laboral es nefasta, removerla no implica que el trabajador quede desamparado. Hay que crear un seguro de desempleo para sostener en forma temporal a los trabajadores mientras se reubican en otro trabajo.
M: O sea la famosa eliminación de la CTS que Thorne dijo que ya no iba. Gran confusión de tu parte. La CTS, a diferencia del seguro de desempleo, no es un sobrecosto porque es remuneración diferida.
A: Pero los países desarrollados tienen seguro de desempleo.
M: Claro pero en esos países el seguro lo paga el Estado. Acá se quiere crear un mercado cautivo para las compañías de seguros. Además, sería un grueso error político retomar esa discusión que - como recordarás - le quitó muchos puntos a PPK antes de las elecciones.
A: Esa es la tragedia de este país: los temas realmente importantes se evitan si son impopulares. Y una reforma laboral siempre es impopular, pero no por ello, menos necesaria. Recuerdo con pena el último intento, tímido, de flexibilización laboral, la famosa  “Ley Pulpín”.
M: Ley a la que el propio PPK se opuso, pues entendió con buen criterio que el camino correcto no es reducir beneficios en pro de una supuesta mayor contratación sino obligar a que todos los empresarios cumplan con brindar los beneficios laborales que la sociedad exige.
A: Se nota que tú no pagas planillas. Cuando tienes sobrecostos laborales que superan el 50% del salario, duplicando el promedio de América Latina, debes entender que tenemos un serio problema.
M: Lo que tenemos es un sistema totalmente perforado donde proliferan regímenes laborales especiales y los “services” en perjuicio de los trabajadores. Y donde adicionalmente, el propio Estado se ha encargado de hacer el sistema aún más informal con los contratos de locación de servicios y otras modalidades de trabajo precarias sin vacaciones, ni CTS, ni seguro médico. ¿Tú quieres lo mismo para todos los trabajadores?
A: Mira el ejemplo del régimen laboral agrario que recortó los sobrecostos  a la mitad y generó un aumento sustancial del empleo formal y femenino. Regiones como Ica hoy tienen pleno empleo gracias a este régimen. Esto es lo que quiero para el resto de sectores; más trabajo a cambio de menores sobrecostos.
M: Bla, bla, bla…. No se trata de tu economía de libro de texto. Se trata de justicia social y de los derechos laborales inalienables de millones.
A: Justicia social es incorporar a más del 50% de excluidos del mercado laboral formal para que gocen de los derechos laborales que ahora gozan la mayoría de los trabajadores formales en América Latina.
M: Parece que no nos entendemos…

sábado, 17 de septiembre de 2016

El paquete tributario


Dos economistas conversan sobre el paquete de medidas tributarias incluidas en el pedido de facultades legislativas. Aquí el diálogo entre Adamo (A), a favor del paquete, y Maynardo (M), en contra.
M: Después de tantas idas y vueltas, finalmente el gobierno se decidió a incluir la rebaja del IGV dentro del paquete tributario. La verdad es que parece que ni ellos estaban seguros de su eficacia. Mejor lo hubieran dejado fuera, ¿no crees?
A: Reducir el IGV no solo es reactivador; además, dado que se trata de un impuesto regresivo, su reducción tendrá efectos redistributivos positivos.
M: ¿Qué? ¿Cómo es eso de que los pobres pagan más IGV que los ricos?
A: Por supuesto. Los impuestos indirectos, como el IGV, que gravan el consumo son regresivos pues los contribuyentes con menores recursos destinan una mayor proporción de sus ingresos al consumo.
M: ¿De dónde sacas eso? Si los pobres no pagan IGV cuando compran sus alimentos en el mercado! Ni cuando viajan en mototaxi! Ni cuando pagan por el alquiler de su vivienda! De hecho, el estudio de Jaramillo y Sparrow demuestra que una vez que se introduce el consumo de bienes y servicios informales, la incidencia de los impuestos indirectos es neutral. Así que no me vengas con ese cuento.
A: No es cuento! Ha hecho bien el ministro Thorne en cumplir con la palabra empeñada, y, además, bajar el IGV ayudará a formalizar.
M: Esta discusión ya la tuvimos antes…no creo que un punto de IGV modifique los incentivos ni induzca a ningún informal a formalizarse. Y más bien creo que el “combo” de menor IGV y mayor impuesto a la renta es incorrecto.
A: ¿Por qué?
M: Ponte a pensar: Lo que hizo el ministro Segura al reducir el impuesto a la renta de las empresas y subir el impuesto a la distribución de utilidades fue reducir el impuesto a la reinversión de utilidades. Revertir esto ahora para reducir el IGV no me suena que sea una medida pro-inversión.
A: Bah!! La aplicación del impuesto a la reinversión de utilidades no generó mayor inversión sino mayor elusión fiscal. Es el caso típico de buenas intenciones (y bastante teoría) pero poco conocimiento de la realidad.
M: Umm… no me convence.
A: Thorne también ha dicho que las grandes empresas simplemente no distribuyeron dividendos pero tampoco invirtieron. De hecho, la inversión privada cayó casi 5% durante el primer semestre del  2016. Es decir, ese dinero no entró en la economía y no apoyó ninguna reactivación.
M: La razón detrás de la caída en la inversión fue el shock externo que enfrentamos, pero es cierto, parece ser que la reducción en el impuesto a la renta no fue muy efectiva. Y creo que la efectividad de reducir el IGV será aún peor. Te apuesto un cebiche a que no ayudará a formalizar y que solo perderemos ingresos fiscales en forma proporcional a la reducción del IGV.
A: Hecho.
M: Otra propuesta que me preocupa es que las empresas pequeñas paguen como impuesto a la renta un porcentaje de sus ventas, en forma escalonada: por ventas de hasta 150 mil soles, pagarán 1%; por ventas entre 150 mil y medio millón, pagarán 1.5%; entre 500 mil y 1 millón, 2.5% y luego hasta 4 millones pagarán 3%. Si superan esta cifra pagarán como las grandes.
A: ¿Qué tiene de malo hacer que los impuestos sean progresivos al nivel de ventas?
M: Que nadie va a querer reportar ventas por más de 4 millones! Los regímenes tributarios que diferencian por niveles de ventas solo fomentan la elusión y son una barrera al crecimiento de los negocios formales. Las empresas tendrán el incentivo a no declarar sus ventas reales sino que las atomizarán en varias empresas para no superar los límites y pagar así menos impuestos. No es una buena idea.
A: Esta vez tú eres el pinchaglobos! Thorne también ha planteado una tasa del 10% por 10 años para las empresas que facturen menos de S/. 1,185,000 (cerca del 90% del total de empresas). Las pequeñas van a pagar un pequeño impuesto; conforme crecen, van pagando un mayor impuesto hasta que lleguen al régimen general del 30%. Eso es redistribución tributaria!
M: Pura ilusión Adamo! Es como lo que plantean para los trabajadores independientes. Ahora proponen subir las deducciones, pasando de S/. 27,650 a S/. 55,300 contra la presentación de facturas de educación, vivienda y salud.
A: Eso es muy bueno! Va a ayudar a formalizar la economía.
M: Yo feliz! Voy a tener más de 8,000 soles de ingresos adicionales al año, fina cortesía del ministro Thorne…
A: A mi parece muy adecuado. Me revienta el hecho de que mi dentista no me entregue factura o que el nido de mi hija también evada impuestos. Ahora les voy a exigir factura no solo porque le conviene al país sino porque también me convendrá a mí. Es una forma inteligente de alinear incentivos individuales para conseguir un objetivo común.
M: Iván Alonso escribió un excelente artículo donde sostiene que el tema de las deducciones es regresivo: los tramos más altos de ingresos recibirán un mayor subsidio del Estado por las facturas que presenten. Claro está: alguien que gana menos de 4000 soles mensuales, como  paga 8% de impuestos en ese tramo, solo recupera 8 soles por cada 100 soles de facturas que presente. En cambio tú que ganas más de 18,000 soles mensuales, recibirás del fisco un subsidio – es decir, menor pago de impuesto – equivalente a 28 soles por esos mismos 100 soles de facturas. ¿A eso llamas “buen objetivo común”?
A: No me refiero a la progresividad del régimen, entiendo tu punto. Me refiero a aumentar la recaudación por la vía de la formalización.
M: Pamplinas con el aumento de recaudación! Lo que pague de impuestos tu dentista será lo mismo que tú recibas del fisco, a menos que las tasas marginales sean distintas. Pero como quienes van a aprovechar este beneficio son las capas más altas de ingresos que conocen estos beneficios y presentan declaración jurada, como tú mi querido Adamo, todo este ejercicio resultará en un juego de suma cero sin incrementos de recaudación.
A: Considero que el paquete tributario solicitado por el Gobierno va en la dirección correcta: baja impuestos indirectos, sube los directos, ayudan a la inversión y promueve la formalización de la economía.

M: Parece que no nos entendemos…

viernes, 2 de septiembre de 2016

¿Y la diversificación productiva?


Dos economistas conversan sobre la necesidad o la conveniencia de políticas públicas  para diversificar  la economía. Aquí el diálogo entre Maynardo (M), a favor, y Adamo (A), en contra.
M: Me preocupa que el nuevo gobierno vaya a abandonar la iniciativa para promover la diversificación productiva. Si no le ponemos nuevos motores al crecimiento, éste se reducirá a niveles muy bajos cuando se acabe el impacto de los proyectos mineros en marcha. Este año estaríamos creciendo por debajo del 2% si no fuera por la inercia que arrastran estos proyectos.
A: ¿De qué hablas mi querido Maynardo? Si queremos acelerar el crecimiento de manera sostenida, entonces lo que se requiere es mejorar el clima de negocios. La economía peruana lo que requiere es de más inversión privada y para eso se necesita de un shock de confianza, no de más intervención estatal. Como bien ha dicho el Ministro Giuffra la diversificación productiva la hacen los empresarios, no la hacen los burócratas.
M: ¡Suave Camay! Nadie ha planteado que la diversificación productiva, que se materializa a través de inversiones en nuevos sectores, la hagan los burócratas. ¡Qué te pasa! Hace más de un cuarto de siglo que en el Perú existe un consenso en que el motor del crecimiento es la inversión privada. Lo que necesitamos es de políticas, bienes y servicios públicos complementarios a la inversión privada, que faciliten el flujo de capital hacia nuevos sectores y hacia regiones pobres del país. No deberíamos abandonar el Plan Nacional de Diversificación Productiva (PNDP) solo porque fue una iniciativa del anterior gobierno.
A: ¡PNDP! Un nombre pomposo para reintroducir la política industrial en el país. Ni la Revolución Industrial ni el desarrollo de los Estados Unidos en el siglo XIX fueron productos de la intervención estatal. En palabras de Gary Becker “la mejor política industrial es aquella que no existe…” pues ningún burócrata iluminado puede sustituir la eficiencia del sistema de precios en orientar la innovación empresarial. Recuerda, además, la desastrosa política industrial de los años 70 y 80 en el Perú.
M: Adamo, no necesitamos de un fundamentalismo de mercado cuasi panfletista. Nadie está planteando volver a crear empresas públicas, hay que corregir fallas de mercado, promover actividades que generan externalidades positivas, como la innovación; facilitar la asociatividad en una economía donde priman las microempresas; identificar y corregir las ausencias de Estado que inhiben la inversión privada. Se debe velar por los derechos de propiedad, brindar seguridad y proveer bienes públicos como infraestructura.
A: ¿Fallas de mercado? Ustedes los “progres” siempre están buscando fallas de mercado, pero nunca piensan en las fallas de gobierno. Desde tu perspectiva, pareciera que lo que hay que hacer es identificar alguna falla de mercado, crear un programa estatal para corregirla y, seguidamente, encomendarse a la virgen para que la eventual falla de gobierno no sea más costosa que la supuesta falla de mercado. El problema con este tipo de iniciativas es que “la lavada termina costando más que la camisa”. ¿Te has puesto a pensar en la calificación e idoneidad de nuestra burocracia estatal? ¿Vas a poner a burócratas temerosos a solucionar problemas de  los privados? ¡Por favor!
M: Un momentito mi querido pinchaglobos. ¿Cómo podrían los privados fortalecer los derechos de propiedad? ¿Cómo podrían dedicar suficientes recursos a la investigación y a la innovación si no pueden luego apropiarse plenamente de los beneficios de estas actividades? ¿Cómo pueden destrabar la maraña de regulaciones que inhiben la inversión y las actividades productivas formales? El PNDP enfrentaba estos problemas desde una nueva perspectiva, diametralmente diferente a la que prevaleció en los 70 y 80.
A: Mira Maynardo, te compro el tema de destrabar inversiones, promover la innovación y eliminar la sobrerregulación que agobia a los inversionistas. Rescato el hecho que se haya puesto énfasis en destrabar a través de las Mesas Ejecutivas, con participación de los empresarios privados y de las diferentes instituciones públicas involucradas. Pero hay que ser realista, los recursos son escasos y hay que focalizarlos en unos pocos programas con alta probabilidad  de éxito y poca probabilidad de generar perjuicios adicionales.
M: La economía no minera se está desacelerando, necesitamos hacer algo para reactivarla por el lado de la oferta. Este es el real “supply-side economics” en el que debería estar pensando el gobierno. Es necesario complementar estos esfuerzos con un rediseño de la inversión pública y de la política de regionalización.
A: Solo se justifica la intervención estatal cuando hay externalidades que interfieren con el funcionamiento de los mercados. No es cuestión de intervenir por intervenir.  Tu posición me recuerda la frase de Reagan: “Si algo se mueve, le pongo impuestos. Si se sigue moviendo, lo regulo. Y si finalmente se detiene, lo subsidio.” La diversificación productiva impulsada desde una oficina estatal está destinada al fracaso.
M: Si estuvieses en lo correcto, lo único que nos quedaría es cerrar los ojos y soñar con que todo va a estar bien. Pero primero habría preguntarse: ¿Por qué no todo está bien? ¿Por qué hemos avanzado tan poco en el camino la diversificación y en que el capital fluya a las regiones y en acortar las brechas que las separan de Lima?
A: De acuerdo con que hay que mejorar la inversión pública, articularla con un plan nacional de infraestructura que sea compatible  con una visión de adónde va la economía. Pero no veo cómo esto deba responder a un gran planificador centralizado que “elija los ganadores” y que intervenga continuamente en precios relativos so pretexto de “fomentar”.
M: El PNDP nunca buscó escoger los ganadores. Es una iniciativa moderna y coherente. Mal haría el gobierno en desconocer los méritos de una política industrial bien pensada y que estaba empezando a rendir frutos.
A: Que Dios nos coja confesados y con suficiente dinero en la billetera como para pagar la cuenta de la lavandería.

M: Parece que no nos entendemos…

viernes, 19 de agosto de 2016

¿Qué hacemos con el salario mínimo?

Dos economistas conversan sobre el reciente anuncio de no volver a elevar la remuneración mínima vital (RMV) y evaluar la posibilidad de un futuro incremento sujeto a la evolución de la economía. Aquí el interesante diálogo entre dos opciones opuestas: Maynardo (M), a favor de seguir incrementando la RMV, y Adamo (A), en contra.
M: Es una lástima que el gobierno de PPK no cumpla con su promesa de elevar el salario mínimo. Esta es una medida que favorecería a los trabajadores y que contribuiría a la reactivación de la economía. Más aún, dado que el salario mínimo todavía es muy bajo, el gobierno debería seguir aumentándolo para llevarlo a un nivel más realista.
A: No tengo claro qué entiendes por “realista”... en todo caso, lo fundamental es pensar en quién financiará el aumento. A las empresas más chicas les estarían subiendo los costos y eso las vuelve menos competitivas. ¿De dónde van a sacar la plata las empresas para hacer efectivo el aumento continuo de la RMV?
M: La plata para financiar el aumento lo ponen las empresas que, hay que recordar, están obligadas a cumplir con la legislación laboral. Y legislación sobre salario mínimo existe en casi todo el mundo, hasta en EEUU donde se ha fijado en US$ 7.25 por hora (aunque en algunos Estados éste supera los US$ 10).
A: Está claro que todos tienen que cumplir con la legislación, pero siempre va a haber empresas a las que no les alcanza la plata ¿no? Digamos pequeñas y micro empresas con baja productividad, que ya estaban con las justas, y que luego de los aumentos no van a tener cómo cumplir con la ley. Lo más probable es que se vean empujadas a dejar de contratar trabajadores en planilla y a dejarlos en la informalidad.
M: Si tu argumento fuese correcto, los países desarrollados no tendrían salario mínimo.  En estos países casi no existe informalidad laboral a pesar de existir un estricto cumplimiento del salario mínimo.
A: No se puede comparar papas con camotes. En los países desarrollados hay muchos estudios que muestran que el salario mínimo aumenta el desempleo. En el caso del Perú, los trabajos de Nikita Céspedes y Miguel Jaramillo concluyen que la informalidad laboral sí aumentó cuando se subió el salario mínimo durante la década pasada.  
M: Me extraña que la informalidad laboral haya aumentado precisamente en el período en que las empresas se beneficiaron del alto crecimiento de la economía.  Por otro lado, el aumento en el salario mínimo se paga solo.
A: ¿Cómo que se paga solo?
M: Claro pues. Cuando las empresas aumentan salarios ello incrementa el poder de compra de los trabajadores. ¿Correcto?
A: Correcto.
M: Y con millones de trabajadores con más poder de compra aumenta la demanda y se incrementan las ventas de las empresas. Y con esto las empresas recuperan con creces la plata que destinaron a incrementar los salarios. Es decir, aumentar el salario mínimo dinamiza la economía. No solo es un acto de justicia incrementarlo, ¡es un excelente instrumento para reactivar el crecimiento económico que termina beneficiando a las empresas!
A: El argumento es absolutamente falaz, Maynardo. Si fuera tan beneficioso y promotor del crecimiento, entonces deberías proponer subir el salario mínimo no a 950 soles sino a 1,500 soles o tal vez incluso a más…
M: Tú siempre tan pinchaglobos… Tu argumento es tendencioso, nadie plantea elevar el salario por encima del valor de la productividad del trabajador. Lo central aquí es que el salario mínimo tiene que aumentarse de manera periódica para compensar la inflación y las mejoras en la productividad de la fuerza laboral. Y seamos claros: el reciente aumento del gobierno de Humala no terminó de corregir el embalse existente en el salario mínimo.
A: Pero ¿no serían las propias empresas las primeras interesadas en premiar las mejoras en la productividad y compensar la inflación aumentando salarios por su propia cuenta? Si no lo hacen, perderían a sus trabajadores más productivos que podrían conseguir trabajo en otro lugar. Lo que quiero decir es que el mercado laboral se ajusta solo y sin necesidad de que el gobierno intervenga introduciendo distorsiones contraproducentes.
M: Eso es pura teoría. En la práctica, las empresas tienen mucho más poder de negociación que los trabajadores. Al trabajador no le queda sino aceptar los términos que se le impone. Y no es que un trabajador pueda encontrar trabajo al toque en otra empresa.
A: Se estima que solo 1% de la fuerza laboral gana alrededor del mínimo. En consecuencia, es solo una pequeña fracción de trabajadores la que se va a beneficiar. Pero vas a empujar a muchos trabajadores a la informalidad despojándolos de sus derechos laborales. El resultado neto probablemente sea negativo.
M: Está claro que aumentar el salario mínimo va a incrementar los ingresos de los trabajadores en las empresas formales. La diferencia está en que yo creo que eso es deseable y tú no. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que las empresas grandes y pequeñas paguen tan poco a sus trabajadores? ¿Tú podrías mantener una familia con 850 soles al mes? El salario mínimo tiene que subir, ya no se trata de teoría económica sino de paz social. Y la informalidad se combate con un Estado más fuerte que cumpla su papel de fiscalización laboral.
A: ¿Realmente crees que el bienestar de los trabajadores se arregla con un Estado policiaco que persiga a los empresarios?  La única manera que se conoce para elevar el salario real de los trabajadores en el tiempo es elevando su productividad y para eso hay que mejorar la capacitación de la mano de obra. Todo lo demás es demagogia...
M: Aquí no hay demagogia, estamos claros en que el salario mínimo tiene que tener una correspondencia con la productividad del trabajador, es innegable. La fijación del salario mínimo debe responder a reglas predefinidas, transparentes, de índole técnico y no político.
A: En eso último es lo único en que concuerdo contigo Maynardo.
M: Por eso espero que PPK cumpla sus compromisos y anuncie que subirá el salario mínimo a S/ 950 antes del fin de año.

A: Parece que no nos entendemos…